Descubre por qué todos somos supersticiosos con esta explicación neurocientífica

Existen ciertos sucesos que dejan a muchos desconcertados. No me refiero a eventos calificados como "paranormales", los cuales carecen de evidencia científica. Me refiero a situaciones más comunes, por ejemplo, la ausencia del piso número 13 en muchos hoteles y la falta de habitación 13 en el resto de los pisos. También es común que en la mayoría de los aviones, la numeración de las hileras de asientos salte de la 12 a la 14, lo mismo ocurre en las habitaciones de los hospitales. ¿Acaso el encargado de ponerles número se equivocó? De ninguna manera. La respuesta, aunque parezca increíble, es simple: superstición. Al igual que el viernes 13, considerado por muchos anglosajones como un día de mala suerte.

La falta de discernimiento entre causa y coincidencia

Uno de los principales roles del cerebro es establecer conexiones entre eventos para poder predecir el futuro. Esta habilidad es independiente de si existe una relación de causalidad entre los sucesos o si se trata simplemente de una coincidencia.

Por otra parte, la psicología ha demostrado que la participación en comportamientos supersticiosos brinda una sensación de control, fomenta una actitud positiva y reduce la ansiedad. Esto explica por qué la superstición aumenta en épocas de estrés y angustia, como durante crisis económicas o políticas, así como en situaciones de conflictos y guerras.

En términos cerebrales, se ha comprobado que la adquisición de creencias supersticiosas está relacionada con el nivel de dopamina y la eficacia de su función. Este neurotransmisor es responsable de reforzar positivamente nuestros esfuerzos.

El origen de las creencias irracionales una mirada a las supersticiones

Los pequeños rituales y supersticiones son prácticas habituales en muchas personas para evitar la mala suerte. Sin embargo, esto puede llevar a potenciar nuestras creencias irracionales.

Las supersticiones son acciones que realizamos o evitamos en ciertas situaciones con el fin de "atraer o evitar" ciertos resultados. Estas conductas han estado presentes en nuestra sociedad desde tiempos antiguos y han sido construidas sin ninguna base científica.

Algunas de estas creencias son transmitidas constantemente en nuestro entorno social, lo que provoca que las tomemos en serio y crezcan en nuestra mente como ideas imposibles de ignorar.

El proceso de formación de la superstición en los individuos

Como mencionamos previamente, es común que una persona establezca una conexión entre un evento y una conducta específica, ya sea de manera positiva o negativa.

Un ejemplo sería si tenemos un número que nos ha traído buena suerte en el pasado, es probable que recurramos a ese mismo número para obtener éxito nuevamente.

De forma negativa, si nos encontramos con un gato negro y posteriormente experimentamos algún acontecimiento desfavorable, es posible que a partir de ese momento estemos más enfocados en lo negativo, ignorando las cosas positivas que nos suceden.

Los fundamentos detrás de nuestra superstición

Origen y causas de la superstición

Existen diversos factores que influyen en el surgimiento de la superstición en las personas y en las distintas culturas. No hay un único motivo, sino que intervienen aspectos personales, sociales y culturales.

Variedad de niveles de superstición

No todas las culturas o personas son igual de supersticiosas. Algunas tienen mayores creencias en este ámbito que otras. De igual manera, no todas las personas tienen el mismo grado de superstición, lo que demuestra que hay múltiples variables que pueden influir en este fenómeno.

Búsqueda de explicaciones

La necesidad humana de encontrar una explicación lógica a lo que parece escapar a ella puede ser una de las razones por las cuales somos supersticiosos. Desde tiempos antiguos, nos hemos esforzado por dar sentido a todo lo que nos rodea.

Mente animista

Además, la mentalidad animista propia de los seres humanos nos lleva a atribuir características biológicas o psicológicas a objetos y sucesos físicos. Algunas religiones antiguas, por ejemplo, veían a la naturaleza como dotada de alma y conciencia.

Reflexión final

A través de nuestras creencias y rituales, buscamos encontrar un sentido a lo que nos rodea y a lo que nos afecta.

Incapaces de diferenciar entre causa y coincidencia

Una de las habilidades principales de nuestro cerebro es establecer conexiones entre eventos, lo que nos permite prever el futuro, independientemente de si hay una relación causal o simplemente una coincidencia.

Además, la psicología ha demostrado que involucrarse en acciones supersticiosas proporciona una sensación de control, fomenta una actitud positiva y disminuye la ansiedad. Esto explica por qué la superstición aumenta en momentos de crisis y preocupación, como durante recesiones económicas o situaciones políticas difíciles. También es común en épocas de guerras y conflictos.

Desde la perspectiva cerebral, se sabe que la adopción de creencias supersticiosas se relaciona con la cantidad de dopamina y su eficacia. Este neurotransmisor nos refuerza positivamente en nuestras acciones y decisiones.

Contrario a la razón

Analizando la cuestión, se podría afirmar que todos poseemos cierto grado de superstición. ¿Pero cuál es la razón detrás de esto? ¿Será posible encontrar una explicación desde la neurociencia?

Si echamos un vistazo al diccionario, una superstición se define como una creencia ilógica que atribuye una explicación mágica a los fenómenos y procesos sin pruebas científicas. Por lo general, también se refiere a la creencia en fuerzas sobrenaturales como el destino, el intento de influir en factores impredecibles y la necesidad de resolver dudas. Sin embargo, algunas definiciones excluyen las creencias religiosas, las cuales, aunque no pueden ser demostradas científicamente, no entrañan superstición.

Múltiples investigaciones en el campo de la psicología indican que tendemos a asociar irreflexivamente eventos que ocurren simultáneamente. Aunque no exista una relación causal entre ellos más allá de la simple casualidad. Este comportamiento, a su vez, ha sido favorecido por la selección natural.

Qué significa ser supersticioso

La superstición puede definirse como una creencia suspendida en el aire, carente de lógica y fundamentos racionales. En palabras más simples, consiste en darle a ciertos eventos y situaciones un poder sobrenatural o mágico.

Según Damisch y su equipo de investigadores (2010), en su obra publicada en la revista científica Psychologial Science, las supersticiones son pensamientos incoherentes que llevan a creer que un objeto, acción o circunstancia puede influir en nuestra vida sin que exista una conexión real con nuestra realidad.

Las supersticiones están arraigadas a lo largo de la historia y variarán dependiendo de la cultura, tradición e incluso religión de cada sociedad. Existen innumerables ejemplos de supersticiones, desde la creencia de que un gato negro puede cambiar nuestra suerte si se cruza en nuestro camino, hasta la fatalidad de romper un espejo, caminar debajo de una escalera o derramar sal en la mesa. Pero también hay supersticiones "buenas", como tocar madera para atraer buena suerte o colocar un trébol de cuatro hojas en el bolsillo para tener fortuna.

Contrario a la razón

Vemos que todos tenemos cierta dosis de superstición. ¿Pero cómo se puede explicar desde la neurociencia esta tendencia?

Si acudimos al diccionario, una superstición es una idea irracional que proporciona una explicación mágica a hechos, procesos y sus conexiones, sin ningún tipo de evidencia científica. Por lo general, también implica la creencia en fuerzas sobrenaturales, como el destino, el deseo de controlar situaciones impredecibles y la necesidad de resolver incógnitas. Sin embargo, algunas definiciones excluyen las creencias religiosas, ya que no son objetivamente demostrables y no se consideran supersticiones.

Diversos estudios realizados desde la psicología han demostrado que tendemos a asociar de manera automática eventos que ocurren simultáneamente. Aunque no haya una relación de causa y efecto entre ellos más allá de la coincidencia fortuita (y no causal). Y esta tendencia ha sido favorecida por la selección natural.

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